El narcisismo llegó al cine. Un rasgo de personalidad centrado en una autoestima muy concentrada en uno mismo, una fuerte demanda de admiración y una tendencia a dar mucha importancia a la propia imagen, logros y capacidades.
"Yo, Narciso" es mucho más que "la nueva película de Suar". Risas, sonrisas, ironía y carcajadas concentradas en una hora y media de un film que recuerda lo mejor de la dupla Oreiro-Suar de la tevé. Un muy buen guion al servicio del entretenimiento, un texto inteligente, actuaciones correctas y mucho del gusto popular, donde Suar interpreta y representa lo mejor del género desde hace años, con un largo derrotero en el segmento, no solo como actor, sino también como director (las otras, "30 noches con mi ex" y "Mazel Tov").
Natalia Oreiro no es solo una cara bonita: hoy es una actriz multifacética que puede saltar de la estafadora con pasado oscuro, Isabel Reyes, en "Lynch", a la Evita de "Santa Evita" —la novela de Tomás Eloy Martínez que llevaron a la pantalla Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez, junto al director argentino Alejandro Maci—, y alternar con "Re Loca", de Martino Zaidelis, o "Música en espera", junto a Norma Aleandro y dirigida por Hernán Goldfrid.
"Yo, Narciso" trata sobre una investigadora compulsiva que engaña a un cirujano esteticista supernarcisista para alimentar su trabajo académico. En el medio, enredos, mentiras, pasajes de comedia del narcisista y una propuesta con buen final. Un elenco supercalificado con Julieta Zylberberg, Eleonora Wexler, Fernanda Metilli, Natalia Carulias, Andy Chango, con pequeños papeles muy lúcidos, y un cartel de lujo para Moria Casán, que impacta y logra muchas risas en su rol de "madre de Suar".
Y quizás ahí está la gracia del asunto: la película elige reírse de un rasgo que hoy sobra en cualquier feed, cualquier reunión, cualquier selfie. El narcisista de ficción resulta menos incómodo —y más gracioso— que los que cruzamos todos los días sin disfraz de cirujano esteticista.
Porque el narcisismo ya no vive solo en el consultorio de un personaje de ficción: vive en las redes, donde una generación entera aprendió a curar su propia imagen como quien retoca una foto antes de subirla. Ahí todo está bien, todo es logro, todo es la mejor versión posible de uno mismo, aunque puertas adentro las cosas se vean bastante distintas.
Tal vez por eso "Yo, Narciso" cae en el momento justo: no inventa un monstruo lejano, sino que exagera —con humor, sin golpe bajo— un gesto que todos conocemos de cerca. Y ese guiño, más que un exceso del guion, termina siendo uno de sus aciertos.