La recreación de Gustavo Cerati en el show “Ecos” de Soda Stereo —tal como se explica en el documental Detrás de Ecos disponible en Flow— representa uno de los avances más sofisticados en la intersección entre música y tecnología. No se trata de un holograma en el sentido clásico, sino de una construcción digital compleja que combina inteligencia artificial, modelado tridimensional y captura de movimiento para generar una presencia escénica que resulta sorprendentemente real.

El punto de partida fue la recopilación y análisis de material de archivo: shows en vivo, videoclips, entrevistas y registros fotográficos de distintas épocas. A partir de esa base, algoritmos de IA permitieron reconstruir patrones de movimiento, gestualidad y expresividad corporal de Cerati. Esta capa “inteligente” no solo replica lo visible, sino que interpreta cómo se movía, cómo respiraba en escena y cómo interactuaba con la música, logrando una simulación que trasciende lo meramente estético.

Sobre ese modelo se desarrolló un renderizado 3D de alta densidad, con un nivel de detalle que incluye texturas de piel, iluminación dinámica y microexpresiones faciales. Este avatar digital no es una figura rígida, sino un cuerpo virtual que responde en tiempo real a las condiciones del show. La tecnología de motion capture —interpretada por performers reales— aporta naturalidad y fluidez, permitiendo que cada movimiento conserve una organicidad creíble, lejos del efecto robótico que suelen tener estas recreaciones.

El resultado final es una experiencia inmersiva y volumétrica que redefine el concepto de “presencia” en un recital. El público no ve una proyección plana, sino una figura que ocupa espacio, dialoga con la banda y se integra al espectáculo como un miembro más. En términos culturales, abre además una discusión inevitable: hasta dónde la tecnología puede —o debe— extender la vida artística de un ícono, y cómo se reconfigura el vínculo emocional entre artista y audiencia en esta nueva era digital.