El disco “Lux” de Rosalía confirma algo que ya no es sorpresa pero sigue siendo impactante: estamos frente a una artista que no juega dentro de los géneros, los desarma y los vuelve a armar a su manera. Y gana.  

Desde el arranque, el álbum de la nacida en Manresa, Catalunya, respira ambición. No es un disco “cómodo”: hay detrás,  decisiones arriesgadas y una búsqueda estética muy marcada. Rosalía mezcla lo urbano, lo electrónico y sus raíces flamencas con una naturalidad que parece fácil, pero claramente no lo es. Ahí está una de sus grandes virtudes: hacer que lo experimental suene accesible. Y triunfa. 

A nivel sonoro, “Lux” es sofisticado pero no es frío. Hay una producción muy cuidada, a su cargo, con detalles que se descubren en cada tema. Rosalia se mueve con una seguridad impresionante entre lo íntimo y lo explosivo. Y gusta. 

Pero donde realmente brilla es en la construcción de identidad. Ella no solo canta: construye un universo. Hay una narrativa emocional que atraviesa el disco, donde conviven la vulnerabilidad, el poder, la sensualidad y cierta oscuridad moderna. Todo eso con una impronta estética muy contemporánea, casi visual. Hablar de Dios está de moda en el Mundo, y Rosalía lo hace de una forma sutil y contundente. 

En síntesis: “Lux” no es solo un buen disco, es una declaración artística. Rosalía no está siguiendo tendencias —las está marcando. Y ése es su mayor capital. 

Imagen: Sony Music / Rosalía