Casi 3 horas. Imágenes monumentales. Musica majestuosa. La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan es probablemente, la obra más ambiciosa jamás pensada para una sala de cine. Parece preparada para un match frente al streaming, la más dura competencia que, durante los últimos años enfrentó el histórico entretenimiento de butacas, el séptimo arte.

El streaming viene años ganando una batalla contra el cine. Claro, es más cómodo, permite atender llamados, chatear o googlear si se necesita complementar un conocimiento sobre el tema de la película, o cortar para descansar.

Con su nueva película, Nolan volvió a correr los límites de la industria. La Odisea es la primera película de ficción filmada íntegramente con cámaras IMAX de 70 milímetros, un desafío técnico que hasta ahora ninguna superproducción había intentado completar. Lo habitual era reservar ese formato para algunas secuencias espectaculares y rodar el resto con cámaras convencionales. Esta vez fue diferente: toda la película se realizó en IMAX gracias a una nueva generación de equipos más livianos y silenciosos. Algunos datos técnicos son impactantes: Se emplearon unos 609 kilómetros de celuloide de película IMAX, y casi 100 horas de grabación, 

¿El resultado? Una imagen que, en la sala adecuada, dicen, ofrece mucho más de lo que el espectador está acostumbrado a ver. No es simplemente una pantalla más grande. El formato IMAX permite mostrar hasta un 40% más de imagen, especialmente en la parte superior e inferior del cuadro. Allí donde una proyección convencional muestra una montaña, la versión original deja ver también el cielo, las nubes o el paisaje que la rodea. Cada uno de esos detalles fue pensado por Nolan y por el director de fotografía Hoyte van Hoytema, pero fuera del formato IMAX simplemente desaparecen. Hay que decirlo, La Odisea es una película que la inmensa mayoría del público nunca podrá ver tal como su director la imaginó. Pero que esperan traccione gente a las salas las que permitirán recuperar la inversión de 250 millones de dólares.

Desde hace años, Christopher Nolan sostiene que el cine deberia ser una experiencia colectiva, algo imposible de reemplazar por una pantalla doméstica o una plataforma de streaming. Con La Odisea llevó esa convicción hasta sus últimas consecuencias: no solo filmó con la mayor calidad disponible, sino que convirtió a la propia sala de cine en una parte esencial de la obra.

Con "La Odisea", Nolan intenta recuperar algo que parecía perdido: el estreno como evento cultural. Que la gente compre entradas con anticipación, viaje para verla, la comente durante meses y la considere una experiencia irrepetible.

Cuando una película consigue eso, deja de ser un archivo digital y vuelve a convertirse en un acontecimiento social. Y esa es una ventaja que ninguna plataforma puede replicar desde el sillón de casa.

Pero la verdadera batalla no es entre una pantalla grande y una pantalla chica. Es entre dos formas de consumir historias: una rápida, individual y casi descartable; la otra, inmersiva, colectiva y capaz de transformar una película en un recuerdo. Si La Odisea logra que millones de personas vuelvan a elegir una sala de cine, aunque sea por unas horas, Nolan habrá demostrado que el streaming puede dominar el consumo audiovisual, pero todavía no ha conseguido reemplazar la experiencia del cine.