Hay viajes que acumulan kilómetros y hay viajes que acumulan paisajes. El Safari a las Nubes, la propuesta de MoviTrack para recorrer el Noroeste Argentino, pertenece decididamente a la segunda categoría.

La experiencia completa en un solo día lo que habitualmente exigiría varios: el Camino a las Nubes siguiendo el trazado del legendario Tren, con sus viaductos y túneles ascendiendo por la Quebrada del Toro hasta San Antonio de los Cobres; la inmensidad alucinada de la Puna recorrida por la Ruta 40; las Salinas Grandes en su blanco absoluto en el límite entre Salta y Jujuy; la Cuesta de Lipán bajando más de dos mil metros en apenas 35 kilómetros, con cóndores si se tiene suerte; y el cierre perfecto en Purmamarca, frente al Cerro de los Siete Colores.

Las Salinas Grandes son uno de esos paisajes que descolocan. Se extienden sobre más de 9.000 kilómetros cuadrados a unos 3.450 metros de altura, y la primera impresión —un desierto blanco y plano que parece no tener fin bajo un cielo sin nubes— tiene algo de irreal, casi lunar. El suelo, una costra de sal de hasta medio metro de espesor, forma hexágonos perfectos que el agua dibuja en la superficie durante la temporada de lluvias. En los bordes de las salinas trabajan familias de artesanos locales que venden figuras talladas directamente en la sal: souvenirs únicos, literalmente extraídos del lugar. Para el visitante que llega desde el norte, el contraste con el paisaje puneño que se acaba de atravesar —volcanes, pastizales amarillos, llamas al costado de la ruta— resulta casi cinematográfico.

El descenso por la Cuesta de Lipán, que sigue a las salinas, es uno de los tramos más impresionantes del país. En poco más de media hora, el paisaje cambia de manera radical: la aridez de la Puna cede paso a los primeros verdes, el horizonte se abre y aparece, en el fondo del valle, la silueta del Cerro de los Siete Colores anunciando Purmamarca.

El pueblo es pequeño —unos pocos miles de habitantes— pero concentra una energía particular. Fundado en el siglo XVII, Purmamarca conserva su iglesia colonial, su mercado artesanal y un ritmo que invita a bajar la velocidad. El cerro que lo domina es el gran protagonista: siete capas de roca sedimentaria —rojos, ocres, amarillos, verdes, violetas, blancos y grises— apiladas durante millones de años y expuestas por la erosión con una precisión casi pedagógica. La luz de la tarde, especialmente, las vuelve más intensas. Vale la pena detenerse y mirar.

Lo que diferencia a MoviTrack de cualquier excursión convencional es el vehículo en sí: un camión adaptado con la lógica de una casa rodante, que combina la robustez necesaria para la alta montaña con asientos amplios, aire acondicionado y baño a bordo. Detalles que en otro contexto serían menores y que a 4.000 metros sobre el nivel del mar se vuelven determinantes.

El Noroeste Argentino es uno de esos lugares que exigen algo a cambio. MoviTrack reduce esa exigencia al mínimo posible, sin restarle un gramo de espectacularidad al paisaje.